Nunca gozó Nietzsche de buena salud ni tuvo una vida dichosa, sin embargo, nadie como él ha exaltado tanto la plenitud de la vida. En sus obras se aprecia ese vitalismo ansioso de realizarse que lo caracteriza a través de una bella prosa poética.
Con este filósofo, psicólogo y filólogo alemán nos encontramos a un eficaz y genial continuador de Schopenhauer en donde, empero, el pesimismo es convertido por Nietzsche en un profundo amor a la vida.

Nietzsche se da cuenta de que la voluntad de vivir de su maestro está de echo ya realizada, la vida es entonces la realidad básica y referencial de todo el ser.

Todo lo que vive aspira no a vivir pues ya lo hace, sino al poder, al dominio sobre sí, la voluntad de vivir se transforma entonces en voluntad de poder. Esta voluntad de poder hace que el hombre aspire a una continua creación de sí mismo, a superarse a cada instante, a ser cada vez más dueño de sí y de sus momentos. Para realizar esto es menestar que se libere la voluntad de poder, además de tener una aceptación honda hacia todas las implicaciones de la vida: quien no ame la vida que la devuelva, con tal de que se largue ya.

La creación vitalista es el momento de la plenitud en la vida del hombre. El hombre creador es aquel que hace de su vida una obra de arte, él mismo es el punto de determinación de su universo, aquel qpara quien la muerte de Dios no es una pena que lamentar, sino la oportunidad de ser su propio creador.

La plenitud es ese estado de ánimo en que el alma humana está llena y orgullosa de sí misma y de su obra, en donde no hay frustración y todo abundancia anímica «la virtud dadivosa», o el superhombre: aquel que puede lograr la plenitud y la dicha en medio del dolor y el caos del mundo.

Sin embargo, la vida tiene como componente fundamental la presencia del dolor. A diferencia de Schopenhauer, Nietzsche no ve en el dolor un estado de ataraxia que disminuya necesariamente la voluntad y la potencia, es para él el elemento que los espíritus fuertes requieren para volverse creadores.

Cuando el dolor aparece, los débiles se refugian en torno al sepulcro de Dios o en la compasión; en cambio los fuertes enfrentan el dolor para superarlo, he aquí el primer momento de la voluntad de poder y de la afirmación de la vida, doblegar al dolor es acrecentar la potencia y amar la vida: «lo que no me mata, me hace más fuerte».

Superar el dolor es también la purificación que el espíritu necesita para volverse creador. Los griegos sabían esto, lo representaron en Dyonisos: la alegría desbordante de vivir después de la tragedia.

Desde luego que para Nietzsche la alegría de vivir no es la candides del hombre común, incapaz de ser creador puesto que su cobardía lo hace huir de las batallas que significan ser un nuevo camino.

Es en este momento en donde aparecerá el discurso anticristiano: «en esta batalla que es la vida, lo que se necesita no es compasión, sino voluntad de poder». Así surgirá la antítesis del cristianismo formulada en la concepción del Eterno Retorno de lo Idéntico.

El eterno retorno significa primero una visión circular del tiempo en donde todo vuelve a parecer y se repite indefinidamente, pero este todo regresa siempre pues todo es presente constante. Esta es la única posibilidad de la eternidad, la prueba evidente de lo idéntico permanente es la rueda de la vida y la muerte, o bien la reducción a la materia y la energía. Es así que el alfa y el omega cristiano quedan anulados y con ellos de paso la idea del progreso. También nos ubicamos aquí en un plano atemporal, pues finalmente siendo todo presente que se repite,¡ dónde está el desplazamiento del tiempo?.

Por otra parte, el eterno retorno tiene también una significación moral, pues es también una clara inversión del ideal cristiano de la existencia: la plenitud quiere eternidad, quiere el eterno retorno de lo idéntico, no quiere más promesas de ultratumba.

Mucho se ha dicho que Nietzsche es un ideólogo del satanismo (lo que desde luego es cierto) y aparece un poco alejado del gótico. Sin embargo si vemos de cerca su doctrina no significa más que esto: el alma que vive en el éxtasis, sabiendo que no vencerá a la muerte, pero hace de su vida una completa obra de arte, donde la muerte no mitiga la valentía, antes bien, la exalta.